martes, 16 de septiembre de 2014

DIOS NUNCA CALLA


Dios nunca calla ¡Necios los que lo hayan dicho! Dios nunca calla, su comunicación es continua con el Mundo. ¿No lo veis y escuchéis en el martirio de sus hijos? ¿No lo ves y escucháis en el morir amando a sus asesinos de cientos de miles, mujeres, hombres, ancianos y hasta niños simplemente por ser testigos de Cristo?
Dios nunca calla ¡Aunque callen muchos de sus hijos! Y si todos callasen, “hablarían las piedras” como en la entrada en Jerusalén, dijo el mismo Cristo. ¡Quien silencia a un mártir, está silenciando a Cristo! Cualquier persona que es torturada, asesinada por ser testigo de Cristo, es un regalo valiosísimo que Dios hace a todos los hombres, creyentes y ateos, pues todos son sus hijos.

Dios nunca calla. ¡Escuchad más con el corazón que con los oídos! ¿No llega a vosotros el eco de los mártires que mueren perdonando a sus asesinos? La Iglesia sigue y camina sobre las huellas de Cristo. Y todo mártir es una huella de Cristo, y todo cristiano un actualizador, un altavoz, de los mártires, ejemplos fieles del Gran Mártir que fue y es Cristo.
Dios nunca calla. ¿No escucháis, pueblo de Almadén, a vuestro sacerdote Ángel, que antes, durante y después de su martirio, os ofrece su amor de pastor y su protección de Ángel y custodio? Ángel, mártir por ser Sacerdote y fiel a Cristo, sigue por las calles de Almadén, pueblo que él tanto quería, susurrando en los corazones de sus habitantes, que amen a Dios y a sus prójimos como Cristo a sus discípulos pedía, y sigue pidiendo hoy a los que escuchan el Evangelio y participan en la Eucaristía.
Dios nunca calla. ¡Escuchad, que el Sacerdote Ángel, por boca de otros nos habla! ¡Escuchad y decid con él!
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy la gracias.
Estoy dispuesto a todo
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma, te la entrego
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

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Este artículo formaba parte del "SHEMA" especial editado en noviembre de 2014 titulado "Recordando al Padre Ángel",


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