lunes, 2 de agosto de 2010

¿No nos bastan los santos canonizados hasta ahora?

Esta es una pregunta que nos hemos hecho o hemos oído numerosas veces. Francisco del Campo Real publicó esta contestación que ahora reproducimos, por considerar oportuno el tema.

¿NO NOS BASTAN LOS SANTOS CANONIZADOS HASTA AHORA?
Muchos se dicen: “Son ya muchos los santos canonizados ¿No nos bastan los santos canonizados hasta ahora?. Es la misma pregunta que no hace mucho hicieron al Cardenal Saraiva Martín, que presidía no hace mucho la Congregación de las Causas de los Santos, y que recoge la Revista Palabra ,n. 460-461.
" Quien contestara afirmativamente o simplemente pusiera en duda la cuestión demostraría que considera la cuestión desde un punto vista demasiado a ras de suelo, valorando una canonización por la utilidad que supone para nosotros. Al proclamar la santidad de sus miembros, la Iglesia propone ante todo la gloria a Dios; cada canonización es un acto de alabanza a la Trinidad Santísima que, desde luego lleva consigo una lluvia de gracias sobre nosotros".
Vale la pena escuchar la voz del Papa Juan Pablo II que, en muchas ocasiones, ha respondido directamente a quien se pregunta si no habrá aumentado en exceso el número de las beatificaciones y canonizaciones. Así, por citar un solo ejemplo, el 13de junio de 1994 dijo: «Se oye a veces que actualmente son demasiadas las beatificaciones Pero esto, además de ser un reflejo de la realidad, que por la gracia de Dios es la que es, corresponde al deseo expreso del Concilio Vaticano II. El Evangelio se ha extendido por todo el mundo y su mensaje ha echado unas raíces tan profundas que precisamente el número elevado de beatificaciones refleja de manera viva la acción del Espíritu Santo: la vitalidad que de Él brota en el campo más esencial para la Iglesia, que es precisamente la santidad».
Y añade el Cardenal Saraiva la siguiente reflexión: “Si el número de los cristianos que han vivido santamente se redujese a los que han sido canonizados o proclamados beatos nos veríamos obligados a reconocer el fracaso de la Iglesia en el cumplimiento de su misión. Por fortuna, no es así, puesto que en ninguna época han faltado los santos, que constituyen una multitud innumerable, y por eso precisamente celebramos su conmemoración en la solemnidad de Todos los Santos”.
En la Iglesia una y única, quienes peregrinamos en esta tierra nos sabemos unidos vitalmente con aquellos hermanos nuestros fallecidos en el Señor que han alcanzado ya la gloria eterna o, purificándose, aguardan su entrada en el Cielo. Nos sentimos en comunión con ellos y, como leemos en el capítulo VII de la Constitución Lumen gentium, «por su unión íntima con Cristo, los bienaventurados consolidan en la santidad a toda la Iglesia, ennoblecen el culto que ésta tributa a Dios aquí en la tierra y contribuyen de muchas maneras a su edificación."

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