domingo, 4 de julio de 2010

EL MARTIR TESTIGO DE LA FE

EL MARTIR TESTIGO DE LA FE(continuación)
El martirio, considerado en su aspecto teológico, no es fruto de una decisión del hombre, sino acción de la gracia, en el sentido de que no depende únicamente de la fuerza humana. Es mártir el elegido llamado a dar la prueba suprema de su amor a Cristo. Dios llama a todos al testimonio, pero reserva sólo a algunos para dar testimonio de El públicamente. Así pues, la gracia no es sólo invitación, sino impregna la acción misma del testimonio.
Todo cristiano escogido para este acto supremo obedece enteramente a la acción del Espíritu Santo, sufre la prueba sin prestar atención a los padecimientos que laceran su cuerpo, pues vive ya en la dimensión divina: "Muchos de los nuestros - afirma Orígenes -, aun sabiendo que confesándose fieles cristianos habrían sido sacrificados han desestimado la vida y han escogido voluntariamente la muerte por la vida". Benedicto XIV, en base al pensamiento de Santo Tomás y de sus comentaristas, elaboró un conjunto de datos y principios que la Iglesia ha utilizado para la comprobación canónica del martirio y ha fundamentado en ellos su praxis y decisiones.
En el ámbito de la elaboración teológica se han evidenciado dos elementos: el objetivo y el subjetivo.
El elemento objetivo comporta, que a la amenaza y acciones que pueden causar la muerte siga efectivamente la muerte; y además, que inflijan la muerte una o más personas físicas que se proponen causar la muerte misma.
Constituyen el elemento subjetivo estos dos hechos: que el perseguido acoja y sufra el suplicio mortal por amor a la fe con voluntad libre y manifiesta, no solo sin oponer resistencia, sino escogiendo las consecuencias incluso cruentas con suficiente libertad, y consciente de lo que afronta; y que el perseguidor este motivado por razones anticristianas: aversión a Cristo o a la fe, o también a una de las virtudes cristianas.
Los sufrimientos letales y la muerte misma asumen el significado del elemento material; y constituyen el elemento formal la circunstancia de causa que especifica la acción violenta del perseguidor y la muerte también violenta del perseguido.
Así pues, la intencionalidad anticristiana del perseguidor se cruza con la consciente fidelidad del perseguido a Cristo y con su disponibilidad a todas sus consecuencias que se pueden derivar, hasta la del sacrificio supremo.

No hay comentarios: