El aspecto jurídico atañe a la verificación de la prueba del martirio. Es necesario centrar la atención en los hechos concretos del contexto en que se presenta todo auténtico martirio. Se pueden reducir sus componentes a las siguientes:
a) Que hayan matado al perseguido (mediante fusilamiento, envenenamiento, eliminación con inyección letal etc.). Los sufrimientos aportados por la fe son ciertamente una fuente de mérito y constituyen testimonios convincentes (baste pensar en aquellos que, por la fe, han visto pisoteada la propia personalidad y aniquilada su capacidad psíquica); con todo, para que exista el martirio es imprescindible que se siga la muerte física. Se puede reconocer el martirio aunque la muerte no se producta instantánea e inmediatamente sino después de cierto espacio de tiempo, como consecuencia de los sufrimientos soportados por la fe; por ejemplo, cuando un fiel, por motivos anticristianos, ha sido encarcelado o deportado a un campo de concentración y ha muerto durante la reclusión o bien después de algún tiempo de haber recobrado la libertad, como consecuencia de los padecimientos sufridos ( ex aerumnis carceris). En este caso se deberá demostrar el nexo de causalidad, es decir que los padecimientos sufridos en la cárcel o en el campo de concentración, la enfermedad contraída etc. acarreen como consecuencia la muerte. En los Países donde han estado en vigor sistemas materialistas, tiranos y opuestos radicalmente a los principios cristianos, se podrá presentar una exposición general del carácter anticristiano del sistema mismo, y bastará añadir una descripción detallada de las características tomadas de la persecución en el lugar concreto del caso.
b) Que el que inflige la muerte haya actuado por aversión a la fe (“odium fidei”). Una tal voluntad de persecución tiene por objeto no solo las verdades de la fe que hay que creer (por ejemplo, la fe en Dios, en la Trinidad, en Cristo), sino también el ejercicio de las virtudes que la fe reclama, es decir una vida coherente con la fe cristiana.
c) Que el fiel haya aceptado voluntariamente la muerte por amor a la fe. No es necesario que se ofrezca explícitamente al mártir la posibilidad de salvar su vida si apostata de la fe; basta que sea consciente de que la práctica de una vida integralmente cristiana pueda llevar como consecuencia a la muerte. Téngase presente también que el intento de evitar el martirio (fuga, intento de esconderse), excepto cuando hay abandono culpable de la grey por parte del pastor, no constituye un obstáculo para reconocer el martirio; más todavía, todo fiel ha de procurar salvar la propia vida, y seria más bien reprobable el comportamiento contrario de quien desafía temerariamente y sin motivo suficiente a los perseguidores.
viernes, 16 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
EL MARTIR TESTIGO DE LA FE
EL MARTIR TESTIGO DE LA FE(continuación)
El martirio, considerado en su aspecto teológico, no es fruto de una decisión del hombre, sino acción de la gracia, en el sentido de que no depende únicamente de la fuerza humana. Es mártir el elegido llamado a dar la prueba suprema de su amor a Cristo. Dios llama a todos al testimonio, pero reserva sólo a algunos para dar testimonio de El públicamente. Así pues, la gracia no es sólo invitación, sino impregna la acción misma del testimonio.
Todo cristiano escogido para este acto supremo obedece enteramente a la acción del Espíritu Santo, sufre la prueba sin prestar atención a los padecimientos que laceran su cuerpo, pues vive ya en la dimensión divina: "Muchos de los nuestros - afirma Orígenes -, aun sabiendo que confesándose fieles cristianos habrían sido sacrificados han desestimado la vida y han escogido voluntariamente la muerte por la vida". Benedicto XIV, en base al pensamiento de Santo Tomás y de sus comentaristas, elaboró un conjunto de datos y principios que la Iglesia ha utilizado para la comprobación canónica del martirio y ha fundamentado en ellos su praxis y decisiones.
En el ámbito de la elaboración teológica se han evidenciado dos elementos: el objetivo y el subjetivo.
El elemento objetivo comporta, que a la amenaza y acciones que pueden causar la muerte siga efectivamente la muerte; y además, que inflijan la muerte una o más personas físicas que se proponen causar la muerte misma.
Constituyen el elemento subjetivo estos dos hechos: que el perseguido acoja y sufra el suplicio mortal por amor a la fe con voluntad libre y manifiesta, no solo sin oponer resistencia, sino escogiendo las consecuencias incluso cruentas con suficiente libertad, y consciente de lo que afronta; y que el perseguidor este motivado por razones anticristianas: aversión a Cristo o a la fe, o también a una de las virtudes cristianas.
Los sufrimientos letales y la muerte misma asumen el significado del elemento material; y constituyen el elemento formal la circunstancia de causa que especifica la acción violenta del perseguidor y la muerte también violenta del perseguido.
Así pues, la intencionalidad anticristiana del perseguidor se cruza con la consciente fidelidad del perseguido a Cristo y con su disponibilidad a todas sus consecuencias que se pueden derivar, hasta la del sacrificio supremo.
El martirio, considerado en su aspecto teológico, no es fruto de una decisión del hombre, sino acción de la gracia, en el sentido de que no depende únicamente de la fuerza humana. Es mártir el elegido llamado a dar la prueba suprema de su amor a Cristo. Dios llama a todos al testimonio, pero reserva sólo a algunos para dar testimonio de El públicamente. Así pues, la gracia no es sólo invitación, sino impregna la acción misma del testimonio.
Todo cristiano escogido para este acto supremo obedece enteramente a la acción del Espíritu Santo, sufre la prueba sin prestar atención a los padecimientos que laceran su cuerpo, pues vive ya en la dimensión divina: "Muchos de los nuestros - afirma Orígenes -, aun sabiendo que confesándose fieles cristianos habrían sido sacrificados han desestimado la vida y han escogido voluntariamente la muerte por la vida". Benedicto XIV, en base al pensamiento de Santo Tomás y de sus comentaristas, elaboró un conjunto de datos y principios que la Iglesia ha utilizado para la comprobación canónica del martirio y ha fundamentado en ellos su praxis y decisiones.
En el ámbito de la elaboración teológica se han evidenciado dos elementos: el objetivo y el subjetivo.
El elemento objetivo comporta, que a la amenaza y acciones que pueden causar la muerte siga efectivamente la muerte; y además, que inflijan la muerte una o más personas físicas que se proponen causar la muerte misma.
Constituyen el elemento subjetivo estos dos hechos: que el perseguido acoja y sufra el suplicio mortal por amor a la fe con voluntad libre y manifiesta, no solo sin oponer resistencia, sino escogiendo las consecuencias incluso cruentas con suficiente libertad, y consciente de lo que afronta; y que el perseguidor este motivado por razones anticristianas: aversión a Cristo o a la fe, o también a una de las virtudes cristianas.
Los sufrimientos letales y la muerte misma asumen el significado del elemento material; y constituyen el elemento formal la circunstancia de causa que especifica la acción violenta del perseguidor y la muerte también violenta del perseguido.
Así pues, la intencionalidad anticristiana del perseguidor se cruza con la consciente fidelidad del perseguido a Cristo y con su disponibilidad a todas sus consecuencias que se pueden derivar, hasta la del sacrificio supremo.
martes, 22 de junio de 2010
EL MARTIR TESTIGO DE LA FE
D.Francisco del Campo Real, Delegado para la Causa de los Santos en la Diócesis de Ciudad Real, es el autor de este texto, que por su importancia, transcribimos:
En muchos ambientes de nuestro tiempo, molesta tanto la memoria de los mártires como el recuerdo de los pobres. Como si el lema de esta hora fuera: ni mártires ni santos, simplemente hombres y mujeres. Uno de los más vivos deseos del Santo Padre Juan Pablo II con miras al Gran Jubileo del año 2000, expresado en su Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente se dirigió a consolidar la memoria de quienes dieron su vida a causa de la fe a lo largo del siglo XX, hecho que no sólo debía constatar que la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires, sino que estaba llamado a tener gran resonancia ecuménica. Lo expresaba de este modo:
"En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi militi ignoti (soldados desconocidos) de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia sus testimonios. Es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio, recogiendo para ello la documentación necesaria. Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecuménica. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez, el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división" (n. 37).
El Papa proclamaba con más fuerza lo declarado por él ya en otras ocasiones, como en la Encíclica "Veritatis Splendor" n. 90-94), donde subraya que ”los mártires marcan el paso de la vida de la Iglesia”.
Mártir no significa originariamente persona o realidad destrozada. Mártir es testigo fiel, fiable, seguro. El vocabulario cristiano ha ido precisando su significado en los dos primeros siglos de nuestra era. Siguiendo a Jesucristo, que los amó primero, se calcula que alrededor de un millón de cristianos murieron por la fe durante los tres primeros siglos del cristianismo. Y en esta muerte, ellos entendían que se iniciaba su vida plena con Dios.
Casi dos mil años más tarde, hoy, la catequesis eclesial afirma: “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”. (Catecismo de la Iglesia Católica).
El mártir asume morir por el Señor, morir en el Señor. Entra por “la: puerta estrecha” acepta que Dios reine en él y que le haga vivir misteriosamente en el paso de la muerte sufrida por el odio a la fe. El martirio aparece a los ojos de la fe como una obra maravillosa de Dios: por la fe, Jesucristo vive realmente en el cristiano y su mismo Espíritu le sostiene, le hace pasar del miedo humano a la confianza segura y al deseo amoroso de “ver a Dios”.
El martirio es la muerte aceptada voluntariamente por la fe cristiana o por el ejercicio de otra virtud conectada con la fe. “Con el martirio – afirma el Vaticano II – el discípulo se asemeja a su Divino Maestro que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, y se conforma a El en la efusión de su sangre, y es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor”(L.G. cap.V. n. 42).
En muchos ambientes de nuestro tiempo, molesta tanto la memoria de los mártires como el recuerdo de los pobres. Como si el lema de esta hora fuera: ni mártires ni santos, simplemente hombres y mujeres. Uno de los más vivos deseos del Santo Padre Juan Pablo II con miras al Gran Jubileo del año 2000, expresado en su Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente se dirigió a consolidar la memoria de quienes dieron su vida a causa de la fe a lo largo del siglo XX, hecho que no sólo debía constatar que la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires, sino que estaba llamado a tener gran resonancia ecuménica. Lo expresaba de este modo:
"En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi militi ignoti (soldados desconocidos) de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia sus testimonios. Es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio, recogiendo para ello la documentación necesaria. Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecuménica. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez, el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división" (n. 37).
El Papa proclamaba con más fuerza lo declarado por él ya en otras ocasiones, como en la Encíclica "Veritatis Splendor" n. 90-94), donde subraya que ”los mártires marcan el paso de la vida de la Iglesia”.
Mártir no significa originariamente persona o realidad destrozada. Mártir es testigo fiel, fiable, seguro. El vocabulario cristiano ha ido precisando su significado en los dos primeros siglos de nuestra era. Siguiendo a Jesucristo, que los amó primero, se calcula que alrededor de un millón de cristianos murieron por la fe durante los tres primeros siglos del cristianismo. Y en esta muerte, ellos entendían que se iniciaba su vida plena con Dios.
Casi dos mil años más tarde, hoy, la catequesis eclesial afirma: “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”. (Catecismo de la Iglesia Católica).
El mártir asume morir por el Señor, morir en el Señor. Entra por “la: puerta estrecha” acepta que Dios reine en él y que le haga vivir misteriosamente en el paso de la muerte sufrida por el odio a la fe. El martirio aparece a los ojos de la fe como una obra maravillosa de Dios: por la fe, Jesucristo vive realmente en el cristiano y su mismo Espíritu le sostiene, le hace pasar del miedo humano a la confianza segura y al deseo amoroso de “ver a Dios”.
El martirio es la muerte aceptada voluntariamente por la fe cristiana o por el ejercicio de otra virtud conectada con la fe. “Con el martirio – afirma el Vaticano II – el discípulo se asemeja a su Divino Maestro que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, y se conforma a El en la efusión de su sangre, y es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor”(L.G. cap.V. n. 42).
lunes, 7 de junio de 2010
BEATIFICADO EN POLONIA EL SACERDOTE POPIELUSZKO
BEATIFICADO en POLONIA el SACERDOTE POPIELUSZKO
ASESINADO en 1984 por el REGIMEN COMUNISTA
Polonia cierra así el Año Sacerdotal ¡100 0bispos y 1600 concelebrantes!
La Agencia EFE, divulgó el 7 de junio un comunicado que transcribimos del Diario ABC.
“ Cerca de cien mil fieles acudieron hoy a la misa de beatificación del sacerdote Jerzy Popieluszko, asesinado en 1984 por miembros de la policía política comunista a causa de su oposición al régimen, uno de los símbolos de la lucha del movimiento Solidaridad y mártir de la democracia polaca.
Los fieles comenzaron a llegar a las seis de la mañana, cinco horas antes del comienzo de la ceremonia, concelebrada por el arzobispo Angelo Amato en calidad de enviado especial del Papa Benedicto XVI.
Entre los miles de asistentes, 1.600 sacerdotes y 100 obispos, también estuvo presente la madre de Jerzy Popieluszko, Marianna, a la que la Iglesia quiso agradecer el sufrimiento y el sacrificio de su hijo.
"El padre Popieluszko es beatificado como ejemplo de la defensa de derechos y de la dignidad humana, también como modelo del diálogo y reconciliación", dijo el arzobispo metropolitano de Varsovia, Kazimierz Nycz.
Popieluszko es hoy símbolo por su apoyo a la oposición democrática en la Polonia comunista y por sus "misas por la patria" durante la ley marcial, al inicio de los años ochenta, cuando desafiando a las autoridades utilizaba el púlpito para criticar a la dictadura comunista y gritar por la libertad, en unas homilías llenas de referencias al entonces Papa Juan Pablo II.
Su actitud de lucha y su gran capacidad de influir en los fieles desde su parroquia de Varsovia acabó con la paciencia del régimen, que ordenó su secuestro y asesinato en octubre de 1984.
La aparición de su cuerpo sin vida en una represa, golpeado y torturado, provocó conmoción en Polonia y la indignación en la comunidad internacional, y puso en jaque al gobierno comunista polaco que, cinco años después, cayó definitivamente.
Tras la misa de beatificación, que tuvo lugar en la céntrica plaza Pilususkiego de la capital polaca, comenzó una procesión de varias horas hasta la basílica de la Divina Providencia, un templo aún en construcción que pronto se convertirá en el más grande del país.
Allí se celebró otra misa y diferentes actos para festejar la beatificación del sacerdote polaco.”
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¿Qué comentarios o sentimientos les sugiere la noticia anterior?
….¡ Vamos, anímense, escriban, den rienda suelta a su sana envidia…!- - - - - - - - - - - - - -
ASESINADO en 1984 por el REGIMEN COMUNISTA
Polonia cierra así el Año Sacerdotal ¡100 0bispos y 1600 concelebrantes!
La Agencia EFE, divulgó el 7 de junio un comunicado que transcribimos del Diario ABC.
“ Cerca de cien mil fieles acudieron hoy a la misa de beatificación del sacerdote Jerzy Popieluszko, asesinado en 1984 por miembros de la policía política comunista a causa de su oposición al régimen, uno de los símbolos de la lucha del movimiento Solidaridad y mártir de la democracia polaca.
Los fieles comenzaron a llegar a las seis de la mañana, cinco horas antes del comienzo de la ceremonia, concelebrada por el arzobispo Angelo Amato en calidad de enviado especial del Papa Benedicto XVI.
Entre los miles de asistentes, 1.600 sacerdotes y 100 obispos, también estuvo presente la madre de Jerzy Popieluszko, Marianna, a la que la Iglesia quiso agradecer el sufrimiento y el sacrificio de su hijo.
"El padre Popieluszko es beatificado como ejemplo de la defensa de derechos y de la dignidad humana, también como modelo del diálogo y reconciliación", dijo el arzobispo metropolitano de Varsovia, Kazimierz Nycz.
Popieluszko es hoy símbolo por su apoyo a la oposición democrática en la Polonia comunista y por sus "misas por la patria" durante la ley marcial, al inicio de los años ochenta, cuando desafiando a las autoridades utilizaba el púlpito para criticar a la dictadura comunista y gritar por la libertad, en unas homilías llenas de referencias al entonces Papa Juan Pablo II.
Su actitud de lucha y su gran capacidad de influir en los fieles desde su parroquia de Varsovia acabó con la paciencia del régimen, que ordenó su secuestro y asesinato en octubre de 1984.
La aparición de su cuerpo sin vida en una represa, golpeado y torturado, provocó conmoción en Polonia y la indignación en la comunidad internacional, y puso en jaque al gobierno comunista polaco que, cinco años después, cayó definitivamente.
Tras la misa de beatificación, que tuvo lugar en la céntrica plaza Pilususkiego de la capital polaca, comenzó una procesión de varias horas hasta la basílica de la Divina Providencia, un templo aún en construcción que pronto se convertirá en el más grande del país.
Allí se celebró otra misa y diferentes actos para festejar la beatificación del sacerdote polaco.”
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¿Qué comentarios o sentimientos les sugiere la noticia anterior?
….¡ Vamos, anímense, escriban, den rienda suelta a su sana envidia…!- - - - - - - - - - - - - -
jueves, 27 de mayo de 2010
LA PROCLAMACIÓN OFICIAL DE LA SANTIDAD DE LOS HIJOS DE LA IGLESIA
I ) Iniciación del Proceso. Siervo de Dios
Muchas veces los fieles nos hemos hecho una pregunta muy simple, que casi siempre se ha quedado sin una respuesta clara y terminante. ¿Qué es un Beato? ¿Cómo se canoniza a un Santo?
Para redactar estas líneas que tratan de contestar a esas preguntas el que esto escribe se ha inspirado en el “Epílogo” ( pag.201 a 209), de un libro editado por Edibesa del que es autor D. Francisco del Campo Real, Delegado para la Causa de los Santos en el Obispado de Ciudad Real, titulado “Mártires de Ciudad Real. El Obispo Narciso de Estenaga y diez diocesanos mártires”.
Dado que todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a la santidad, es bueno que la propia Iglesia reconozca públicamente de forma oficial la santidad de alguno de sus miembros, cuyas virtudes heroicas han de servir de modelo a todos los miembros de la Iglesia. El camino que sigue la Iglesia hasta la declaración de santidad se llama proceso.
La propuesta para la declaración de santidad de un cristiano se inicia en la Iglesia local. Las fases procesales son fundamentalmente dos: la diocesana, básica por ser en ella donde se inicia el proceso y la romana que verifica aquella inicial y la extiende a toda la Iglesia.
El Obispo de la Diócesis donde murió la persona de que se trate es el competente para abrir el procedimiento. Desde ese momento la persona puede ser llamada Siervo de Dios. El Obispo es informado sobre la vida, sus virtudes, la fama de santidad o bien del martirio del Siervo de Dios y si considera que todo ello tiene suficiente fundamento, establece una consulta a la Conferencia Episcopal y recibido el visto bueno de esta inicia el proceso de Beatificación.
Entran en acción los censores teólogos, que examinarán los escritos publicados por el Siervo de Dios. Si el voto de estos teólogos es favorable, es decir certifican que no existe contenido en contra de la fe o las costumbres, el Obispo nombra una comisión histórica que reunirá los escritos no publicados y todos los documentos que puedan tener una relación con la causa. Si el informe es favorable el Obispo constituye un tribunal, que interrogará a los testigos acerca de la vida, muerte, virtudes y fama de santidad, y en su caso sobre el martirio sufrido por el Siervo de Dios.
Terminados todos estos requisitos, el proceso, con toda la documentación recogida, se envía a la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano.
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I ) Iniciación del Proceso. Siervo de Dios
Muchas veces los fieles nos hemos hecho una pregunta muy simple, que casi siempre se ha quedado sin una respuesta clara y terminante. ¿Qué es un Beato? ¿Cómo se canoniza a un Santo?
Para redactar estas líneas que tratan de contestar a esas preguntas el que esto escribe se ha inspirado en el “Epílogo” ( pag.201 a 209), de un libro editado por Edibesa del que es autor D. Francisco del Campo Real, Delegado para la Causa de los Santos en el Obispado de Ciudad Real, titulado “Mártires de Ciudad Real. El Obispo Narciso de Estenaga y diez diocesanos mártires”.
Dado que todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a la santidad, es bueno que la propia Iglesia reconozca públicamente de forma oficial la santidad de alguno de sus miembros, cuyas virtudes heroicas han de servir de modelo a todos los miembros de la Iglesia. El camino que sigue la Iglesia hasta la declaración de santidad se llama proceso.
La propuesta para la declaración de santidad de un cristiano se inicia en la Iglesia local. Las fases procesales son fundamentalmente dos: la diocesana, básica por ser en ella donde se inicia el proceso y la romana que verifica aquella inicial y la extiende a toda la Iglesia.
El Obispo de la Diócesis donde murió la persona de que se trate es el competente para abrir el procedimiento. Desde ese momento la persona puede ser llamada Siervo de Dios. El Obispo es informado sobre la vida, sus virtudes, la fama de santidad o bien del martirio del Siervo de Dios y si considera que todo ello tiene suficiente fundamento, establece una consulta a la Conferencia Episcopal y recibido el visto bueno de esta inicia el proceso de Beatificación.
Entran en acción los censores teólogos, que examinarán los escritos publicados por el Siervo de Dios. Si el voto de estos teólogos es favorable, es decir certifican que no existe contenido en contra de la fe o las costumbres, el Obispo nombra una comisión histórica que reunirá los escritos no publicados y todos los documentos que puedan tener una relación con la causa. Si el informe es favorable el Obispo constituye un tribunal, que interrogará a los testigos acerca de la vida, muerte, virtudes y fama de santidad, y en su caso sobre el martirio sufrido por el Siervo de Dios.
Terminados todos estos requisitos, el proceso, con toda la documentación recogida, se envía a la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano.
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sábado, 1 de mayo de 2010
URGENTE: SE REQUIEREN TESTIMONIOS SOBRE LA MUERTE DE TRES SACERDOTES, Siervos de Dios, Mártires en Daimiel (Ciudad Real) durante la persecución religiosa del siglo XX. Se trata de:
-Siervo de Dios RAFAEL SÁNCHEZ MILLA Y GOMEZ CARPINTERO, Daimiel (1882-23 de agosto 1936) coadjutor en la Parroquia de San Pedro.
-Siervo de Dios BERNARDO LÓPES ATOCHERO Y LÓPEZ PELÁEZ, Membrilla (Ciudad Real) 1864-Daimiel,25 de agosto 1936. Durante cierto tiempo fue coadjutor de la Parroquia de San Pedro.
-Siervo de Dios ENRIQUE FISAC MIRANDA, Daimiel (1883-15 de agosto 1936), capellán castrense y luego Consiliario de Acción Católica en la Parroquia de Santa María la Mayor de Daimiel.
Los expedientes de beatificación de estos tres Siervos de Dios se encuentran incompletos a falta de testimonios sobre su muerte o los momentos o días previos a la misma. Dado el tiempo transcurrido lo más probables es que no haya testigos directos de aquellos sucesos. Pero tambien es muy probable que a familiares, vecinos, amigos o convecinos hayan llegado noticias o relatos transmitidos de forma oral a lo largo de los años de unos a otros y que con alguna prueba de verosimilitud puedan servir ahora como testimonios válidos para autentificar el martirio por causa de su fe. Sin esos testimonios su expediente de beatificación permanecerá incompleto y por tanto paralizado. Por ello se hace un llamamiento a quienes puedan aportar alguna noticia en el sentido expuesto lo pongan en conocimiento de los Sres. Párrocos de Daimiel o bien se dirijan al Sr. Delegado para la Causa de los Santos del Obispado de Ciudad Real, D. Francisco del Campo Real, calle Caballeros, 5, en Ciudad Real telefono 926250250 o por correo electrónico a museodiocesanocreal@gmail.com.
domingo, 25 de abril de 2010
Estas dos lápidas están situadas en la nave crucero de la Parroquia de Santa María la Mayor de Daimiel. La situada más a la izquierda da fe de los sacerdotes nacidos en Daimiel y muertos durante la persecución religiosa de los años 1936-1939. Se puede leer el nombre de Angel Muñoz de Morales Sanchez, Coadjutor de Almadén.
La otra recuerda a los sacerdotes que ejercían en Daimiel su ministerio, también muertos por causa de su fe, en aquella persecución.
La otra recuerda a los sacerdotes que ejercían en Daimiel su ministerio, también muertos por causa de su fe, en aquella persecución.
En ambas lápìdas se termina la relación con la frase "Que vuestra sangre, vertida generosamente en testimonio de vuestra fe, sea semilla fecunda de buenos cristianos".
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